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LAS PUTAS DE CERVANTES

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Ahora quizás estamos más acostumbrados a ver a un mismo tipo de prostituta que se anuncia en televisión, en diferentes tipos de publicidad, pero que siempre suele tener un canon de cuerpo y estilo. Delgadas, con curvas insinuantes, y vestidas de forma provocativa, eso si se llegan a tapar para anunciar sus servicios.

 

En la época de nuestro escritor más célebre, el Siglo XVI con Miguel de Cervantes y Felipe II, los cánones de belleza eran muy diferentes a lo que ahora podemos encontrar, por ejemplo solicitando putas Barcelona.

Nombres para las putas en el Siglo XVI

Durante la época colonial, Madrid era la ciudad con más prostitución de toda Europa. Ofrecía las mejores chicas, o eso es lo que circula en los relatos de la época, y era donde más variedad se podía encontrar.

 

Cada prostituta se generaba un nombre, tipología y estilo según  su clientela, edad, y forma de vestir. Las que se conocían como devota se dedicaban a satisfacer las necesidades y caprichos más privados de aquellas personas relacionadas con la Iglesia. Este tipo de chicas podían servir a sus clientes en situación de amancebamiento, o incluso encontrarse al servicio de más de un clérigo.

 

Otro tipo de chicas recibían otro nombre debido a la baja calaña a la que servían. Este mote por el que se las conocía, escalfafulleros, hacía referencia a aquellas chicas de dudosa reputación que se dedicaban a clientes de una calidad inferior. Solían contar con fulleros, valentones y rufianes entre los hombres a los que ofrecían servicios.

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Aquellas que se dedicaban a esta “profesión” a cambio de alimento, se las denominaba gorrona de puchero en cinta; si iban cubiertas hasta “medio ojo” con un pañuelo o manto, y ejercían en la calle, eran las lechuzas de medio ojo.

 

Pero en el gremio de la prostitución también había quienes ganaban unas cantidades más generosas, las marca godeña, podían llegar a ganar unos cinco ducados al día, y eran las que vestían ropas de mayor calidad.

 

Las maleta o soldaderas acompañaban a los soldados cuando estos hacia parada en la ciudad. Llegaron a ser tantas que en 1640 tuvieron que limitar el número de chicas que se dedicaban a este tipo de público, llegando solo a ser el 8% del total de féminas que se dedicaban a la prostitución.
Si eran chicas jóvenes que servían a través del engaño de contar con varios oficios a la vez, y establecidas por cuenta propia, se las llamaba mujer de manto tendido.

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